2.-ESTÁ INTACTA AÚN LA AUTONOMIA MÉDICA ?
Rubén Darío Quintana B.
Anestesiólogo
Anestesiólogo
Se define como autonomía médica, el conjunto de principios y reglas éticas que han de inspirar y guiar la conducta del profesional, o puede interpretarse también como la libertad de acción, libertad de escogencia y deliberación, que deben ejecutarse con intencionalidad, con conocimiento y sin control externo, o también como la capacidad de darse normas o reglas a uno mismo, sin influencia de presiones internas o externas.
Cuando se piensa en la autonomía médica, no se pueden desconocer una serie de conceptos o principios que de alguna manera están relacionados y hacen parte del marco general de conducta aceptado por todas las sociedades, y que deben ser conocidos y aplicados cuando se pretenden desarrollar con altura y honestidad actividades humanistas como la medicina. Es el caso de la ética, la bioética, la moral, la ontología, la deontología, el principo de justicia y los derechos humanos. En este sentido, podemos decir que hay unos principios básicos que rigen la ética médica y la bioética y son : La Beneficencia, la Autonomia, la Justicia y la No maleficencia.
La beneficencia, es actuar en beneficio de otros. En medicina promueve el mejor interés del paciente pero sin tenerlo en cuenta, ya que supone que el médico posee una formación y un conocimiento de los cuales carece el paciente. Hoy en dia cuando se da gran valor a la autonomía del paciente y a la justicia, este principio riñe con esta tendencia y se hace difícil defenderlo porque es prioritario el concepto y la decisión del paciente, que en muchas ocasiones aunque se le explique bien lo que se debe hacer, decide cosas en contravía del concepto médico y de su propia salud.
No maleficiencia es abstenerse de realizar acciones o tomar decisiones que puedan causar daño a otros, por ejemplo evitar la multiplicidad de procedimientos o tratamientos innecesarios. Este concepto aparece por primera vez en el informe Belmont de 1978.
Principio de justicia, es tratar a cada uno como corresponda con la finalidad de disminuir las situaciones de desigualdad, tanto en ideologias, en el aspecto social, cultural económico, fisico, etc.
En resumen, el médico debe tener una idea clara de su propio sistema de valores, aplicar siempre la norma fundamental de la medicina que es la de beneficencia, o sea actuar para promover el bien, prevenir el daño o suprimirlo aplicando en sus decisiones personales, que pueden influir en lo que es bueno o malo para sus pacientes o para otros, una diáfana disciplina ética. Eso es lo que pretende hacer el médico cuando escoge esta profesión, eso es lo que aprende en su formación y eso es lo que la sociedad espera de él. Cuando una persona enferma acude en busca de ayuda y deposita su confianza en el médico para encontrar alivio a sus quebrantos, se espera que aplique sus conocimientos y sus principios para obtener el mejor resultado, pero otra cosa es lo que debe hacer cuando se ve forzado por condicionamientos externos a modificar conductas aplicando aún contra su voluntad, criterios extraños para tomar decisiones. Y es que no es lo mismo cuando un auditor no par, debe avalar cualquier acto médico basandose exclusivamente en criterios económicos. No es lo mismo cuando el contrato de trabajo que le ofrecen no le garantiza ninguna estabilidad laboral y por el contrario es objeto de castigo o de premio, no por sus conocimientos, sino cuanto mas eficiente sea en la contención del costo en su trabajo. Este sistema coercitivo, impide que las actividades médicas se desarrollen libremente de acuerdo a protocolos académicos o cientificos, y va en contraposición a los principios éticos de la medicina, adecuando su saber en la aplicación de los procesos que mas defiendan el interés económico de los dueños del negocio. Los aseguradores hacen valer su prioridad, que es la disminución de gastos, así en un futuro esto represente un gasto mayor en lo económico y en la salud del paciente, lo que convierte al sistema en algo completamente deshumanizado.
Los gobiernos se escudan en que hay una normatividad supuestamente clara para la atención de los usuarios, la misma que es burlada con múltiples argucias por las Eps, sin que pase nada, cumpliendo su objetivo de restringir los servicios y contemporizar hasta donde puedan, porque todo eso significa dinero.
El médico en su labor, sí es señalado, juzgado y muchas veces castigado si no aplica los principios éticos que hemos mencionado y que son los mismos que rigen la profesión desde Hipócrates y Galeno, pero la mayor parte de las veces ese incumplimiento de las normas, que hacen parte del juramento hipocrático, se deben a las limitaciones a las cuales se ve sometido por cuenta del sistema, a la coerción y a la intromisión de fuerzas externas en la relación medico paciente (Eps, auditorias de toda clase, constreñimiento para el uso de materiales, medicamentos, estudios y toda especie de insumos.), que lo obligan a decidir sólo con criterios de mercado, dejando de lado lo que mas conviene al paciente según sus conocimientos científicos. Lo peor de todo es que el médico ya acepta la situación casi sin darse cuenta y toma decisiones absurdas, consultando a un auditor, a una enfermera, a una secretaria, a una instrumentadora, o a un médico general, asi no sea par, quienes tienen funciones superiores dentro de la aseguradora; pero en cambio, sí debe cargar con la responsabilidad ética, moral y legal de los resultados que se obtengan con los procedimientos o tratamientos aplicados.
Mientras tanto, no hay quien juzgue a los intermediarios, quienes imponen las reglas, toman las decisiones y se lucran del negocio de la salud. Las quejas ante los entes competentes de control, se convierten en investigaciones exhaustivas, en saludos a la bandera, lo que comprueba la ineficacia, la politización o la corrupción de esas entidades, y todo el mundo se lava las manos, mientras el negocio crece.
Sólo se obedece (no siempre) , el mandato de los jueces, en una tergiversación inaudita, de quien debe ordenar tal o cual tratamiento, y termina siendo la justicia la que maneja la salud.
El resultado es una medicina no basada en la evidencia sino en la obediencia a unos preceptos no científicos sino económicos y la orfandad de los enfermos en la exigencia de sus derechos que desembocan muchas veces en resultados funestos, los cuales se tapan con estadisticas amañadas que muestran grandes incrementos en cobertura, pero que no hablan de calidad, que ya no hablan del médico como la persona que solía compartir con sus enfermos y sus familias, el dolor y la angustia de sus problemas físicos y mentales y brindaba una forma de terapia mas humana e integral, para convertirse por fuerza de las circunstancias en una máquina de despachar usuarios o clientes, que no pacientes, en una relación fría y ausente, para que los dueños del capital puedan seguir acumulando riqueza a costa de los obreros y los conejos...:…
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