52.- COMO AFECTA EL
ENVEJECIMIENTO EL SISTEMA NERVIOSO CENTRAL?
*Rubén Darío Quintana B.
Anestesiólogo.
- · Nota aclaratoria: Manejar este tipo de temas en un blog, donde no se aplica todo el rigor científico, para que tenga la credibilidad de los lectores del gremio médico, y al mismo tiempo, la claridad y el lenguaje para lectores no médicos, implica tratar de mantener el equilibrio en la información, de modo que se pueda brindar una alternativa real y basada en el conocimiento, a tanta información no sustentada que circula en las redes.
Por definición, el envejecimiento es el
conjunto de modificaciones tanto morfológicas como fisiológicas que se producen
en los seres vivos, como consecuencia del paso del tiempo, y que afecta el
funcionamiento de las células, de los órganos que conforman esas células, y de los
distintos sistemas orgánicos, afectando por tanto su capacidad de adaptación y
de respuesta a distintas situaciones.
En el ser humano, el envejecimiento afecta
la mayor parte de los sistemas del organismo, pero es motivo de gran
preocupación, cómo cambia el Sistema Nervioso Central, por el compromiso en la
capacidad de adaptación al medio ambiente, la imposibilidad de conservar su
autonomía y la relación con sus congéneres, tanto que constituye un factor
fundamental en la calificación de la calidad de vida que se tenga. Por estas
razones trataremos aquí, someramente, solo los cambios que se producen en este
sistema.
En los últimos años, se ha dado en forma
progresiva, un aumento en la expectativa de vida, como consecuencia de cambios
ambientales, avances en la medicina, mejoramiento del estado nutricional, de la
salud pública, la educación, etc, pero el sistema nervioso, es muy vulnerable
a la edad, por la magnitud de los cambios que se producen en él, y el impacto
en sus funciones; lo que termina manifestándose en patologías neuro
degenerativas y consecuentemente declinación del estatus cognitivo y
deficiencias en la memoria y en la capacidad para adquirir información, lo
mismo que en las habilidades mentales.
CAMBIOS
Con el envejecimiento, se producen cambios
macroscópicos en el cerebro, como la disminución de peso y de volumen, el cual
se presenta a una rata de 5 % en cada década después de los 40 años, porcentaje
que se incrementa después 70 años. La atrofia del cerebro empieza más
temprano en los hombres, pero es más rápida en las mujeres, una vez que ha empezado.
Hay un ensanchamiento de los ventrículos,
estrechamiento de surcos y giros, aumento del volumen de líquido
cefalorraquideo. Se presenta una pérdida mayor de materia
blanca que de materia gris con la edad, y una degeneración granular de los
axones mielinizados hacia los cuarenta años. La muerte de células neuronales es
al parecer la razón para la pérdida de materia gris, y adicionalmente hay
cambios en el árbol dendrítico, en la espina y en las sinapsis, aunque ésta se
compensa generando más dendritas.
De acuerdo a la reducción del volumen
cerebral, hay cambios cognitivos, siendo el más común, la afectación de la
memoria, entre la cuarta y quinta década. Hay además una disminución en la
sensibilidad vibratoria, discriminatoria y táctil; una menor sensibilidad
visceral, lo mismo que de quimio y baroreceptores; empeoran los mecanismos de
control térmico y el mismo individuo se queja de deterioro mental, sin que
tenga alteraciones en su entorno social o laboral.
Hay problemas para recordar nombres o citas
o para resolver problemas complejos. Es difícil distinguir entre cambios
cognitivos asociados a la edad y la demencia. No hay alteraciones de la
personalidad, ni pérdida de las capacidades basales de la inteligencia, pero si
se altera la capacidad de aprendizaje. Se presenta una menor adaptabilidad al
medio, disminución del tiempo de reacción y pérdida de la memoria reciente.
La barrera hematoencefálica, que protege el
SNC de las injurias, por medio de una permeabilidad selectiva, con la edad, va
permitiendo el paso inapropiado de mediadores desde el plasma, proceso que
puede incrementar la respuesta inflamatoria,
daños estructurales en el cerebro, y alteraciones en la actividad neuronal.
Con cada década de la vida, se presentan
cambios vasculares. A partir de la quinta década, hay numerosas deformidades en
los microvasos, mayormente en la capa íntima de los mismos, hasta en un 50% en
ese momento, y hasta un 80% en la octava década. Estos cambios son los
precursores de la arterioesclerosis, la cual aumenta la resistencia vascular, y
disminuye la presión de perfusión, todo lo cual compromete la función
neurocognitiva.
Se encuentra en general con la edad, una
reducción en la rata de metabolismo cerebral, del consumo de oxígeno y del
flujo sanguíneo en la materia gris, pero preservándose el flujo de oxígeno en
la materia blanca.
Por la presencia de una población más
envejecida cada vez, hay un incremento en pacientes ancianos operados, por lo
que la prevalencia en desórdenes cognitivos en el post quirúrgico tiende a
aumentar y por eso se encuentra más Delirium en el post inmediato, y más
disfunción cognitiva en el post quirúrgico a largo plazo.
Con la edad se presentan cambios
funcionales y bioquímicos en ciertos circuitos neuronales, sin que
necesariamente exista muerte neuronal importante, a diferencia de lo que ocurre
con enfermedades como el Alzheimer, donde se presentan procesos
fisiopatológicos diferentes, pero igualmente el cerebro se ve afectado por
enfermedades sistémicas comunes con la edad, como la diabetes mellitus o la
hipertensión arterial, que llevan a daño vascular y alteraciones en la
perfusión tisular.
CAMBIOS
EN LA BIOQUÍMICA Y EN EL FUNCIONAMIENTO.
En el envejecimiento, junto a los cambios
neuronales, hay aumento en la cantidad de astrocitos y de microglias activadas.
Las glías, modulan la respuesta inflamatoria en el sistema nervioso y estimulan
la producción de óxido nítrico, un mediador de la inflamación, estableciendo un
mecanismo de retroalimentación, que aumenta la respuesta inflamatoria. Al mismo
tiempo, la microglía produce más citoquinas pro inflamatorias, las que se
asocian a diversos aspectos del envejecimiento del sistema nervioso y a la
respuesta inmune innata, encontrando, que éstas y sus receptores, aumentan con
la edad.
Se incrementa el estrés
oxidativo como producto del desequilibrio entre la generación de radicales
libres y la capacidad de eliminarlos por mecanismos antioxidantes. Estas
alteraciones incluyen depresión de la respiración celular, aumento de la
formación de radicales libres, aumento de la susceptibilidad a la apoptosis (
muerte celular programada), y daño de las células vecinas por los radicales
liberados al espacio extra celular. Por tanto el efecto neuro protector depende
de la disminución de generación de radicales de oxígeno e incremento de
factores neurotróficos lo que equivale como propuesta, a disminuir la ingesta
calórica, para incrementar la resistencia
del sistema nervioso a sufrir los desórdenes neuro degenerativos del
envejecimiento.
Por otro lado, se pierde en forma temprana,
la homeostasis del calcio en las células cerebrales, lo que afecta la
fisiología celular y las funciones moleculares, influyendo así en los procesos
cognitivos por alteración del retículo endoplásmico y la mitocondria.
El déficit de la edad, no se debe tanto a
pérdida de neuronas, sino a daños en la conectividad cortical, por degeneración
de axones mielínicos en capas profundas de la corteza, lo que se asocia a
déficit visual, de reconocimiento espacial y de la memoria. Este que es un
proceso irreversible y afecta en forma heterogénea a las células en los seres
vivos, es el resultado de una interacción entre un programa genético y el medio
ambiente, y arranca para algunos a partir de los sesenta años, pero no se puede
hablar únicamente desde el punto de vista cronológico, porque es probable que
sea también una consecuencia del deterioro de otros sistemas, porque a pesar de
cambios estructurales, puede ser un cerebro bioquimicamente y funcionalmente
joven.
A diferencia de otras células del
organismo, las células neuronales, no son capaces de reproducirse, pero si no
hay enfermedades concomitantes, si pueden funcionar adecuadamente en la vejez
debido a la plasticidad neuronal, que es la capacidad de generar nuevas dendritas
y sinapsis, lo que mantiene la eficiencia de los circuitos neuronales aún con
la presencia de lesiones, porque no existe un mecanismo único para la senectud.
La mayor o menor duración de la vida, responde a un programa genético
condicionado por factores ambientales, como alimentación, ejercicio, costumbres
como el cigarrillo, y enfermedades asociadas como la diabetes o la hipertensión
y otras condiciones como la obesidad.
NEUROTRANSMISORES
Declinan los niveles de dopamina, aproximadamente, 10% con cada década, empezando en la edad adulta temprana, lo cual se asocia al funcionamiento cognitivo y motor. La disminución de la serotonina, lo mismo que de factores neurotrópicos del cerebro, se asocia a los cambios en la regulación de la plasticidad sináptica.
La monoaminaoxidasa, sustancia importante en la homeostasis de los niveles de neurotransmisores, se incrementa con la edad, y puede generar la liberación de radicales libres, desde las reservas de antioxidantes.
Las áreas más afectadas con el
envejecimiento, son las que sintetizan neurotransmisores, como acetilcolina,
serotonina, noradrenalina y dopamina, que presentan una degeneración lenta y
progresiva y afectan zonas relacionadas con sus funciones.
Acetilcolina : Funciones corticales ,
aprendizaje, memoria, sueño y vigilia o el movimiento (ganglios basales)
Dopamina: Movimientos involuntarios y
control emocional.
Noradrenalina y adrenalina: Aprendizaje,
atención y ansiedad.
Serotonina: Períodos de vigilia,
temperatura corporal, actividad sexual, secreción hormonal (hipotálamo),
regulación de alimentos, estado de ánimo.
Aminoácidos excitadores: Glutámico y
aspártico.
Aminoácidos inhibidores: Gaba y glicina.
Neuropéptidos: Dolor, movimiento, conducta
sexual y maternal.
Con la edad puede verse comprometida
seriamente la presencia de estos neurotransmisores, sin embargo pueden ponerse
en marcha mecanismos compensatorios, como el aumento de la velocidad con que se
recambia y se libera el neurotransmisor en las neuronas que permanecen sanas,
con lo cual las funciones pueden permanecer intactas.
La degeneración de la mielina en la
sustancia blanca, puede causar deterioro en la comunicación neuronal, pero se
puede estimular el crecimiento de nuevas células, condicionadas al aprendizaje,
a la riqueza del medio ambiente que rodea al individuo y al ejercicio, lo que
sería un estímulo para retardar el envejecimiento.
RADICALES
LIBRES
Se estima que el 2% del oxígeno consumido
forma radicales libres, los cuales son moléculas capaces de alterar o lesionar
otras moléculas del propio organismo. Son peligrosas porque en exceso, pueden
producir daños a las neuronas hasta su muerte, o daños acumulativos a través de
la vida. Estos efectos son minimizados por los anti oxidantes que pueden
metabolizarlos, como son algunas enzimas, o las vitaminas E y C, pero si la
producción de radicales libres supera la cantidad de anti oxidantes, se produce
el Estrés oxidativo, lo que se presenta en la mayoría de las enfermedades
asociadas al envejecimiento cerebral.
Cuando una célula tiene un enlace débil y
pierde un electrón, es muy inestable, roba un electrón a otra molécula o se
convierte en un radical libre, y continúa así el proceso en cadena hasta
comprometer a una célula viva por daño
en el ADN de las mitocondrias, lo que afecta la producción de energía.
Las neuronas pueden morir por necrosis o
por apoptosis. Este último es un mecanismo de autodestrucción o muerte celular
programada, en el que las propias células convergen en pequeñas vesículas que
son captadas por las células vecinas, mecanismo que también se activa en
enfermedades neurodegenerativas, y que contribuye al proceso de envejecimiento.
HORMONAS
Y ENVEJECIMIENTO
El cerebro está influido por hormonas
sexuales, tiroideas, suprarrenales y por la melatonina, las cuales influyen en
el control de su sobre vida, y su capacidad de realizar conexiones entre ellas,
por lo cual cualquier cambio hormonal tiene repercusiones positivas o negativas
en el cerebro. En el envejecimiento hay una disminución en los valores
circulantes de las hormonas, y aumenta la vulnerabilidad del sistema nervioso.
Existe evidencia de que la reposición de hormonas femeninas en la menopausia,
pueden disminuir el riesgo de la demencia senil, pero al sopesar los riesgos de cáncer de mama y trombosis con ese reemplazo, pierden su utilidad práctica para este propósito.
MECANISMOS
DE DAÑO NEURONAL
Deficiencias energéticas. El sistema
nervioso es muy vulnerable a la falta de glucosa y/o de oxígeno, por el elevado
metabolismo y la baja capacidad de almacenar sustratos ricos en energía y la
poca tolerancia a la hipoxia. En situaciones de estrés, se producen
alteraciones intra y extracelulares en las concentraciones de los iones que
mantienen el potencial de membrana, entonces se altera la liberación y
recaptación de neurotransmisores. Se presentan cambios en la formación del ATP
en la mitocondria, ( Parkinson, Alzheimer, y envejecimiento normal), se
favorece la formación de radicales libres, y se incrementan los niveles de
calcio libre, que también tiene efectos deletéreos.
Aminoácidos excitadores: Tienen poder neurotóxico
por despolarización excesiva de la membrana neuronal, asociada a pérdida de la homeostasis iónica,
por lo cual provocan lesiones en las dendritas y también en los axones.
Radicales libres: Pueden dañar moléculas
como el ADN, proteínas celulares, los lípidos de las membranas, o iniciar una
reacción en cadena (peroxidación lipídica), que puede llevar a muerte celular.
Se detectan niveles anormales de radicales libres, en Parkinson, Alzheimer y en
envejecimiento, donde hay una producción excesiva de radicales libres y una
alteración en los mecanismos de adaptación a ellos, hasta llevar las células a
ser incompetentes y a la muerte celular por apoptosis, lo que contribuye al
proceso de envejecimiento.
El organismo es un sistema dinámico de
degradación y reparación permanente de los tejidos, hasta que se produce la
ruptura de ese equilibrio con la senectud y se empiezan a acumular daños y
algunas macromoléculas como ácidos nucleicos, proteínas y lípidos, que alteran el
funcionamiento de los órganos. Todo este proceso se produce por influencias
genéticas como uno de los factores principales, pero también por influencias
del comportamiento y factores ambientales.
FACTORES
PROTECTORES.
El principal factor protector es la
genética que ya trae codificado el riesgo de sufrir enfermedades o por el
contrario de tener una expectativa de vida sana, pero también se han detectado
diferencias por razas, en todos los casos claro está, actúan como
condicionantes los factores ambientales y las normas de conducta en la vida.
Se desarrollan mecanismos protectores como
los antioxidantes de origen endógeno, como pueden ser la enzima superóxido
dismutasa, la glutatión peroxidasa, o el ácido úrico, pero también de origen
exógeno alimentario como el alfa tocoferol ( Vitamina E ), que tiene la
capacidad de proteger las membranas celulares, los carotenoides ( Beta
carotenos), los polifenoles (Acido cafeico y quercetina), el ascorbato (
Vitamina C ), o controlar factores ambientales y de comportamiento que
incrementan grandemente la producción de radicales libres como el uso del
cigarrillo y pueden llegar a presentar manifestaciones de envejecimiento
prematuro, o la exposición repetida a la luz ultravioleta.
Una dieta equilibrada, rica en fibras,
frutas y vegetales, que aporta antioxidantes naturales y la restricción
calórica, mejoran los parámetros
biológicos y la longevidad; se deben evitar excesos con los azúcares, que
pueden reaccionar con los aminoácidos de las proteínas y también con los
lípidos (glicación), lo que unido a radicales libres, produce un fenómeno
deletéreo sinérgico llamado glicoxidación implicado en varias condiciones
asociadas al envejecimiento y/o diabetes como las cataratas, el Alzheimer, la
aterosclerosis, las nefropatías y las alteraciones vasculares entre otras.
No existe evidencia científica de que con
cualquiera de la cantidad de medicamentos que se promocionan como antioxidantes
útiles para retrasar el proceso de envejecimiento, como tampoco con los
pasatiempos o juegos de entretenimiento, se logre modificar el curso del
proceso de envejecimiento, aunque si se reconoce como necesaria la actividad
física moderada y permanente y también la actividad mental.
Se reconoce también la melatonina,
producida en varias partes del organismo, entre ellas la glándula pineal, como
reguladora en la inducción del sueño, además de potente antioxidante, y con
efecto retardante del envejecimiento, que disminuye su producción con los años,
y podría tener utilidad su terapia de reemplazo.
El tratamiento correcto de las enfermedades
y condiciones que incrementen los factores de riesgo o favorecen el estrés
oxidativo, como el sometimiento a radiaciones o compuestos tóxicos, las
alteraciones alimentarias severas, alteraciones metabólicas, hipoxia,
hipercapnia, alteraciones del calcio, hipertensión, diabetes, ateroesclerosis,
etc.
Así como se ha mejorado la expectativa de
vida, se espera que las investigaciones traigan como resultado, el poder contar
con una vejez donde la lucidez y la integración total del ser humano con su
entorno, sea el bien más preciado y alcanzado por todos quienes pueden
disfrutar de una larga vida. A este respecto hay esperanzas depositadas en las
investigaciones recientes del doctor Rodolfo Llinas, quien en sus trabajos con
las nano burbujas espera lograr aplicaciones prácticas para el cerebro de los
humanos, como lo está haciendo ahora con animales.
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