Blog del mono Quintana

domingo, 17 de febrero de 2013

17.- EL PRECIO DE LOS MEDICAMENTOS.
*Rubén Darío Quintana B.
Anestesiólogo.
Me llega un correo con un artículo del periodista Juan Gossain, donde compara el precio de algunos medicamentos en Colombia, con sus equivalentes en otros países vecinos como Venezuela, Ecuador y Panamá, encontrando diferencias abismales de hasta doscientos y trescientos por ciento. Aunque el artículo fue publicado en el diario El Tiempo hace mas de un año, continúa vigente, y seguramente para este año, las diferencias son mayores porque  los incrementos de precios que se dan en Colombia en este rubro, siempre están por encima de la inflación en virtud de una supuesta libertad de precios vigilada que impera en nuestro país desde hace algunos años, y por eso el mismo artículo menciona un incremento en las ganancias de los laboratorios, de un 75 por ciento para ese año.
http://www.eltiempo.com/vida-de-hoy/salud/ARTICULO-WEB-NEW_NOTA_INTERIOR-11131061.html
El artículo pone el dedo en la llaga en un tema que repetidamente ha sido motivo de quejas y denuncias por parte de los ciudadanos que son los mas afectados, y de otros actores del sistema de salud que también ven comprometidas sus finanzas por los exorbitantes costos de estos insumos, pero la denuncia se queda sólo en eso, sin que nadie escuche o quiera tomar cartas en el asunto. En lo que sí se equivoca el periodista, igual que cualquier persona desprevenida que sin conocimiento de causa, quiera referirse al tema, como en algunos de los comentarios al final del artículo,  es al poner en tela de juicio la ética del médico, dejando entrever a priori y en general, al gremio médico como defensor de intereses ocultos para obtener beneficios a su favor, al tomar la decisión clínica de formular uno u otro medicamento, cuando este problema en realidad tiene muchas aristas, y al médico, con contadas excepciones, sólo lo mueve el interés de que el  paciente con su orientación, encuentre la recuperación de su estado de salud, objetivo primordial para el que fue formado.
En más del 90 por ciento de la población, que se supone tiene la cobertura en salud por parte de una EPS, tanto en el sistema contributivo como en el subsidiado, (91%, según informe de la Contraloría General de la Nación en Septiembre 2012), el médico formula un medicamento con su nombre genérico como es su obligación, después de 1993 con la Ley 100, para medicamentos incluidos en el POS. Y es la entidad aseguradora la que decide, de acuerdo a sus contratos, que generalmente están basados en criterios de tipo económico, que clase de medicamento entrega. Y lo mismo sucede con las IPS en el caso del paciente hospitalizado. El médico sólo puede definir el nombre comercial del medicamento, cuando la adquisición del mismo se hace en forma particular,  y en el paciente que tiene la capacidad económica para adquirirlo, luego es un porcentaje muy bajo, de acuerdo a lo anterior, donde el médico puede sugerir una marca específica.  En el paciente hospitalizado, en ocasiones tiene la opción de vetar determinados medicamentos, ante la ineficacia comprobada del tratamiento suministrado por las instituciones, y eso cumpliendo con engorrosos trámites administrativos.
Lo que desconocen quienes miran el tema desde afuera, es que en nuestro medio, el control de calidad es pésimo, y la respuesta clínica en los pacientes, con uno u otro medicamento puede llegar a ser muy diferente, así tengan el mismo nombre científico y supuestamente la misma molécula activa. Quienes usan o usamos en forma frecuente, a título personal o con nuestros pacientes, por ejemplo analgésicos, o antiinflamatorios, antiácidos, o antibióticos, de los cuales existen infinidad de marcas en el mercado, y todos los precios, encontramos dispares respuestas en el alivio de los síntomas, con medicamentos supuestamente iguales, genéricos y de marca. O en forma más objetiva, poca o ninguna respuesta en el control de la hipertensión en un paciente dado, que se controla rápidamente cuando se cambia al mismo medicamento en su molécula original.
Hay estudios serios tomando varios antibióticos en su presentación genérica, que muestran grandes falencias en la calidad de los mismos. El médico cuando formula un medicamento, también está jugando con su prestigio como profesional, y lo que menos quiere son unos malos resultados, pero no está en sus manos controlar la calidad del producto y es allí donde debería darse el debate de fondo en este tema. No solo se trata de alcanzar altas coberturas en salud, miradas  como el porcentaje de población que tiene acceso a los servicios, sino que es necesario brindar ese servicio con calidad y en ella está incluida también, la calidad de los medicamentos que se utilizan. Conceptos como biodisponibilidad o cantidad de principio activo contenido en un medicamento, velocidad de absorción, equivalencia farmacéutica o equivalencia terapéutica, seguridad, eficacia y bioequivalencia, o sea la garantía de calidad de todos los medicamentos, no los maneja el sistema de salud nuestro. En los medicamentos importados, el gobierno acepta la patente expedida por los  países donde se producen, y a los laboratorios nacionales, les pide la certificación de unos laboratorios externos de Control de Calidad, para los cuales hay unas normas generales, y se acepta su dictamen, pero el estado directamente no interviene en la comprobación y calificación de los productos farmacéuticos que se venden, como sí sucede en otros países.
EL PROBLEMA ECONÓMICO
Cuando un laboratorio investiga y descubre una nueva molécula, le pone un nombre genérico y un nombre comercial y le asigna un precio,  puede comercializarlo con exclusividad durante diez años, tiempo después del cual la patente caduca y entonces puede ser fabricado el producto por otros laboratorios que le asignan otro nombre o lo trabajan con el nombre científico o genérico, y ya el precio es mucho mas barato para competir, pero viene el problema de la calidad y éste se presenta en todos los países.
En Colombia, los mismos laboratorios que elaboran medicamentos, se quejan de la debilidad política del Estado en los convenios multilaterales para proteger la propiedad intelectual y la industria nacional, y la prueba es que en insumos y medicamentos importados, más del 90 % tiene libertad de fijación de precios.  Aunque la rentabilidad de los medicamentos POS es mucho mas baja, el negocio en general en este país es tan bueno que además de los grandes monopolios trasnacionales  que dominan a su antojo el comercio y el precio de sus productos, ahora las EPS, en forma directa o disfrazada tratan de apoderase del manejo de los medicamentos, y lo mismo hacen las Clínicas, Hospitales y Unidades de Cuidado Intensivo, que lo tienen como su principal fuente de financiación.
Por supuesto que los laboratorios tratan de influir en los médicos, utilizando como estrategia comercial, las visitas médicas, para mantener presente en la mente del profesional su producto, pero ya en una proporción mucho menor de lo que antes se hacía, porque la franja de pacientes que pueden comprar directamente el medicamento con nombre comercial es muy pequeña, excepto en algunas especialidades. Y también existe todavía el "incentivo" de patrocinar viajes a congresos, pero hoy en día se da más por la venta de otros insumos más costosos, como instrumentales, prótesis, suturas, una enorme variedad de equipos, etc, que de medicamentos, porque para la mayoría de éstos, somos una clientela cautiva.
También apoyan y patrocinan la realización de congresos, especialmente en los temas que les interesan y donde además hacen presencia con sus stands, para promocionarse. No creo que sea una falta a la ética asistir a un congreso donde varios laboratorios han colaborado porque eso se hace en forma institucional, su realización, con presencia de conferencistas internacionales es muy costosa y ni el Estado ni nadie colabora en la actualización, el avance del conocimiento, la investigación  y la formación de sus profesionales. Ni tampoco nadie le va a pagar más porque tenga mayores conocimientos. Pero en cambio el médico, indirectamente colabora, formulando los productos, para que las compañías de medicamentos y ahora las EPS, obtengan cada vez más ganancias a costa de la salud del pueblo colombiano.
CONCLUSIONES
.-  No se puede mirar en forma tan superficial y tan simplista el problema, diciendo que los médicos "no ofrecen la alternativa de los genéricos a los pacientes" y dejar en el aire la idea de que es por falta de ética. Lo que sí es alarmante es que los precios exorbitantes de los medicamentos en nuestro país, comparados con los vecinos, sean permitidos por el gobierno, y aquí donde la corrupción campea por doquier, queda la inquietud de que quienes deben aprobar su ingreso, o vigilar o supervisar lo que ocurre, no están haciendo bien su trabajo, o se están lucrando del mismo. Donde están los entes de control?,  El Ministerio?,  La Superintendencia, que todo el mundo califica como el ente más politizado?
.- Si existiera una verdadera intención para brindar a la población una verdadera atención con calidad, despojada de intereses económicos oportunistas, por parte de quienes hacen y aplican las leyes, las políticas en salud, estarían dirigidas a la prevención, educación y aplicación de los estándares internacionales, probados y aceptados en todo el mundo, pero en forma equitativa y universal, evitando el usufructo económico de unos pocos, a costa de la salud de muchos.
.- Es muy diciente cuando desde el mismo Estado, se escuchan voces en contra del sistema actual, como un comunicado que acaba de ser publicado en El Tiempo, y que firmado por 30 Secretarios de Salud Departamental y más de cuatrocientos Secretarios de Salud Municipal y Gerentes de Hospitales, piden: No Mas EPS, mientras el Gobierno se apresta a llevar al congreso otro nuevo proyecto de reforma a la salud, que seguramente serán nuevos paños de agua tibia, con tal de no permitir el desmonte del sistema, ya que son mucho mas poderosos los dueños del negocio  y no se van a dejar quitar tan fácil esa teta.
.- La Organización Mundial de la Salud (OMS), recomienda los medicamentos genéricos, pero cumpliendo con unos estándares de eficacia, seguridad, calidad y bioequivalencia. Recomienda también, controles de calidad periódicos por parte de las entidades reguladoras (autoridad), o por Universidades especializadas; vigilar el impacto epidemiológico de los medicamentos y establecer  programas de fármaco-vigilancia, y políticas  para el manejo de medicamentos,  que incluyan facilidad de  acceso y uso racional de los mismos.
.- En nuestro país falta regulación del Estado, para que exista una verdadera equidad y universalidad, donde cada uno reciba lo que necesita, pero con la mejor calidad, y se evite que la mayoría de los recursos del sistema, se queden enredados en los vericuetos de la intermediación y la corrupción, mientras la salud  a los colombianos les llega bien tarde, supeditada al interminable papeleo y las decisiones absurdas y sospechosas de los empleados de todos los rangos de las EPS, o, a las lentas y frías decisiones de los jueces, quienes ahora, en virtud de la Ley 100, han reemplazado a los médicos, en la toma de decisiones que anteriormente estaban basadas en el conocimiento científico.

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