54. LA INFIDELIDAD A TRAVÉS DEL TIEMPO
* Rubén Darío Quintana B.
Anestesiólogo.
Históricamente el comportamiento del ser humano en sus relaciones interpersonales y específicamente en las interacciones como pareja, ha sufrido cambios desde sus ancestros, debido a múltiples alteraciones en su integración social, a conveniencias y aprendizajes, que lo han llevado a establecer conductas que se han convertido a través del tiempo, en cambios evolutivos.
Las sociedades individualmente hoy son muy estudiadas en este aspecto, y presentan muchas diferencias relacionadas con factores culturales, económicos y religiosos, pero en el fondo hay comportamientos generales posiblemente de transmisión genética que son el origen de todo, y que se estudian con rigor científico por los antropólogos que tienen ahora muchos recursos para hacerlo.
En ese orden de ideas, la antropóloga norteamericana Helen Fisher, en su libro "Anatomía del Amor", hace un recuento histórico y compara con la época moderna, como el ser humano, desde tiempos inmemorables y hasta ahora en diversidad de culturas, presenta actitudes y vivencias similares en sus comportamientos grupales y de pareja.
Helen E. Fisher, es una antropóloga, bióloga e investigadora del comportamiento humano, quien ha estudiado el amor desde un punto de vista científico, y de allí tomamos sus conceptos.
Se han estudiado profundamente los rituales que se presentan en las distintas especies, antes de la actividad copulatoria, y una de las conclusiones es que en los animales, lo mismo que en los humanos, tal vez son los ojos y no el corazón, los genitales o el cerebro, los órganos donde se da inicio al idilio, ya que es la mirada penetrante, la que con frecuencia provoca la sonrisa, y ésta se acompaña de gestos, movimientos y posiciones características de flirteo e indicativas de interés sexual, estrategias que provienen de nuestro pasado primitivo, y se convierten en códigos para atraer a la pareja.
Los animales en esos momentos, en general, se hinchan, insuflan o erizan sus cuerpos, mientras que el hombre echa su pecho hacia adelante para demostrar dominio, la mirada fija por unos segundos en la pareja potencial, con dilatación pupilar, es una señal de extremo interés. Las mujeres por su parte, utilizan una forma característica de caminar cuando tratan de seducir, arquean la espalda, tiran los pechos hacia adelante, levantan las nalgas, y se pavonean con tacones altos, costumbre occidental, inventada por Catalina de Médici en 1500. Con esto, más unos labios fruncidos, caídas de ojos, movimientos de las cejas, manos desplegadas, cuerpos cimbreantes y dientes deslumbrantes, las mujeres indican su disponibilidad.
Se siguen otras etapas, el reconocimiento, la charla, el contacto físico, y una serie de señales esenciales en el juego de la seducción humana, donde el tacto se define como la madre de todos los sentidos, hasta llegar a la sincronía física total.
En los animales el ofrecimiento de alimento, protección y seguridad espera recompensa de favores sexuales, y algo similar ocurre en los humanos, acompañados de otros delicados alimentos como la música, y dependiendo de la cultura otros pequeños obsequios, como flores, ropa, alhajas, chocolates, etc.
Los animales, desde los pájaros, donde cada uno elabora sus mejores trinos, para atraer la atención de sus parejas, hasta los grillos, los sapos, los gatos, y todos los machos en el reino animal, emiten apremiantes y potentes sonidos de cortejo. El principal mensaje, se transmite por las células nerviosas, a través del sentido del olfato, hacia una porción del cerebro, que controla el miedo, la cólera, el odio, el éxtasis, la lujuria, o sea, el sistema límbico, donde también se generan, los sentimientos eróticos.
En la mayor parte de las especies animales, el olor expresado a través de feromonas, desencadena el celo o sincroniza los comportamientos eróticos, y aunque en los humanos, no se ha podido comprobar la presencia de feromonas, si se presentan cambios fisiológicos y psicológicos desencadenados por el olor. Existen diferencias en su interpretación por factores culturales, pero se considera que los olores tienen un atractivo sexual, y el aroma de una persona puede ser un afrodisíaco o un factor de rechazo.
Se puede construir con los rasgos de una persona, un modelo mental ideal, que enamora o excita en un momento dado, por ejemplo, el color de su piel o de sus ojos, el pelo, la sonrisa, la voz, su espontaneidad, la paciencia, el carisma, el sentido del humor, la inteligencia, y una infinidad de elementos que hacen a algunas personas más atractivas que otras.
LA QUÍMICA DEL AMOR
Una molécula llamada feniletilamina (fea), es una amina excitante que provoca alegría y euforia. Se cree que ésta, junto con la norepinefrina y la dopamina, desempeñan un papel importante en la dinamización del cerebro, que mantiene a los enamorados activos y despiertos, pudiendo transformar los sentidos y alterar la realidad. En el amor, la cultura direcciona gran parte del comportamiento. En la niñez comenzamos a sentir gusto o disgusto por los olores, aprendemos a responder a cierto tipo de humor, la paz o la histeria de nuestros hogares, enmarca nuestras actitudes, la adolescencia, el estudio, las experiencias, determinan a quien, cuándo y donde amaremos, pero después de encontrar esa persona especial, probablemente la FEA y otras sustancias neuro químicas determinan cómo nos sentimos, o sea, la cultura y la biología van de la mano.
Es innegable que el enamoramiento es un hecho tanto físico como psicológico. El amor romántico predomina durante la conquista, en un periodo que puede durar entre dos y tres años, y a veces, mucho menos, semanas o meses porque el cerebro no puede mantener ese estado continuo de excitación, por lo cual incorpora nuevos elementos químicos que serenan la mente, como las endorfinas, que proporcionan seguridad y paz con lo cual se inicia el apego. Parte de nuestra naturaleza son también los celos, que se presentan en todas las culturas, y sirven para poner límites a la infidelidad de las mujeres y al abandono de los hombres.
Estas emociones son comunes a toda la humanidad. El apego es un sentimiento cálido, cómodo y seguro, en el que entra en acción un nuevo sistema químico, los opiáceos de la mente, las endorfinas endógenas que serenan la mente, reducen la ansiedad y eliminan el dolor, entonces los amantes pueden conversar, comer y dormir en paz, periodo que dura de acuerdo a cada cerebro, a las circunstancias sociales y a la edad.
La monogamia es entre los humanos en términos generales la regla más aceptada, aún en sociedades en donde son aceptadas otras formas de compartir, como en comunidades de sexo libre, donde hombres y mujeres en gran medida tienden a buscar pareja. La poliginia y la poliandria parecen ser opciones excepcionales y oportunistas. Las motivaciones para el harén son, permitir al hombre engendrar más hijos, y a la mujer, asegurar la crianza de los mismos, todo lo cual va en favor de la selección natural.
Aunque la monogamia no implica fidelidad, y no son sinónimos, solo el 16% utilizan la monoginia, entre las cuales están las culturas occidentales, mientras que el 84% permiten la poliginia.
EL ADULTERIO
En toda la humanidad desde que se tiene registro de ella, ha existido el adulterio, y su aceptación o penalización, la complicidad que se tenga hacia el mismo, ha tenido todos los matices en los distintos grupos sociales, según cómo se presenten los hechos, y va desde ser un tema tabú para algunas sociedades, hasta el consentimiento formal como regla o únicamente en determinadas situaciones; es así como en algunas sociedades se considera como adulterio sólo las relaciones sexuales, o una invitación a comer o a tomar algo, o variaciones que se dan en algunas otras donde el concepto se aplica como una acción reprochable sólo en el sexo femenino.
Los hebreos fueron los primeros que relacionaron el adulterio con el pecado en la historia de occidente, donde el sexo dentro del matrimonio fue bendecido en las primeras normas religiosas y Dios habría dicho: “No cometerás adulterio”.
En cambio, los griegos, fueron el primer pueblo de la historia que se dedicó organizadamente a la recreación. Como los dioses griegos permitían la concupiscencia, también lo hacían los mortales. Pero los varones griegos se consideraban superiores a las mujeres, y la única transgresión sexual en un hombre, era el coito con la esposa de otro hombre, por lo cual podía inclusive condenársele a muerte.
Los antiguos romanos eran conocidos por su espíritu libertino, pero también hubo entre ellos, filósofos y maestros que difundieron la filosofía de la negación de los placeres carnales, una veta grecorromana del ascetismo, que en combinación con el concepto hebreo de qué ciertas formas de actividad sexual eran pecado a los ojos de Dios, atrajo a los primeros líderes cristianos, y ha florecido por focos en algunas culturas orientales y occidentales.
La función básica y el objetivo principal del sexo es la reproducción en todos los organismos, excepto en muy pocas especies que tienen una reproducción asexuada, como algunas lagartijas que ponen sus huevos con toda la carga genética, o algunas plantas como la Mora y algunos pastos, con una desventaja para estas especies, y es que no introducen la variedad como característica vital para la evolución.
La infidelidad en algunas sociedades.
Hay sociedades en las cuales este tema ha sido muy estudiado a través de los años. Los estudios incluyen muchas sociedades de los continentes africano y asiático, estadísticas muy difundidas. En Estados Unidos, los hombres y mujeres son por definición monógamos. La bigamia está penalizada por la ley, pero los cálculos dicen que más del 50% de los norteamericanos casados son adúlteros, cifras que no se pueden comprobar, pero nadie tampoco puede negar que el adulterio existe en todas las culturas del mundo.
El matrimonio es culturalmente universal en más del 90% de hombres y mujeres, aunque la tendencia moderna es a disminuir esos porcentajes. Un 84% de 853 culturas estudiadas, incluyendo las occidentales, permiten la poliginia, y la explican por un principio simple de la naturaleza, y es que proporciona al hombre enormes beneficios genéticos, pero además que para estas decisiones culturales, influyen factores de conveniencias comerciales y religiosas. Sin embargo, en la práctica solo entre el 5 y el 10% de los hombres tiene en realidad más de una esposa a la vez.
En las sociedades poliginias, la mujer también toma un solo marido a la vez en su mayor parte, entonces la monoandria se presenta en un 99.5%. La poliandria es rara, solo en un 0.5% de las culturas se permite, cuando hay mujeres muy acaudaladas. Entre los animales también es rara la poliandria por razones biológicas.
En general, la monogamia es la regla, porque en los seres humanos, así se permita la poliginia y la poliandria, en culturas experimentales con sexo libre, para hombres y mujeres, en el animal humano predomina el amor romántico, así sean matrimonios convenidos, en los cuales terminan formándose parejas, o rupturas del sistema por celos.
Porqué el adulterio?
Cada cultura, califica, juzga y castiga en distinta forma el adulterio, según sus costumbres, pero los porcentajes en que se presenta, por ejemplo donde se mide por encuestas en distintas épocas, como en la sociedad norteamericana, parece estar incrementándose aunque exista una actitud de rechazo como algo inmoral, a pesar de los sentimientos de culpa, a pesar de los riesgos para la familia, los amigos y el modo de vida. En los años 20, un investigador informó que 28 de los hombres, y 24 de cada 100 mujeres habían tenido experiencias de este tipo; para los años 40 y 50, algo más de un tercio de los encuestados, había engañado a sus esposas y el 26% de las mujeres aceptaban haber tenido relaciones extra maritales, el 41% con una sola pareja y el 40 % con de 2 a 5. Dos décadas más tarde, estas cifras no habían cambiado mucho. En los 70, el resultado de infieles era el 41% de los hombres y 25% de las mujeres, pero tenían sus primeras aventuras más temprano, mientras que en los años 80, en una encuesta, aceptaban el 54% de las mujeres y el 72% de los hombres, haber cometido adulterio.
Hay que aceptar que en las encuestas, no se controlan todas las variables, como para generalizar los resultados a toda la población aunque se hagan al azar, pero si se puede afirmar que a pesar de los tabúes culturales en contra de la infidelidad, los norteamericanos son adúlteros. Otra conclusión es que independientemente de las culturas, antiguas o modernas, de las religiones que rigen cada cultura, ricos o pobres, nobles o plebeyos, a pesar de la necesidad de formar parejas por amor, de las tradiciones respecto al matrimonio, siempre ha existido el adulterio como prueba de la universalidad del deseo humano, y como parte del arcaico juego reproductivo, y así sea el adulterio la principal causa de los divorcios en casi todas las culturas.
A pesar de los más variados castigos que llegan hasta mutilaciones y a la pena de muerte, se sigue presentando. Se buscan algunas explicaciones biológicas que le permite a algunos investigadores afirmar, que los hombres son por naturaleza más propensos a la variedad sexual que las mujeres, porque engendrando más hijos, les permite aportar más al mapa genético masculino, en cambio las mujeres, no pueden engendrar cada vez que copulan, entonces no estarían tan marcadas por ese motivo. Pero hoy en día, en un mundo globalizado, con la penetración cultural incontenible que dan los medios de comunicación, y más aún, las redes sociales, otros códigos de valores, el trabajo, la independencia económica en las mujeres, los movimientos feministas, la experiencia sexual previa, y muchos otros elementos, pueden afectar la tendencia al adulterio, y se utilizan los cambios neuro químicos como justificación de algún desliz.
Helen Fisher sostiene que la actual anatomía y las emociones sexuales humanas, evolucionaron simultáneamente con la estrategia de reproducción de la monogamia y el adulterio clandestino.
En la naturaleza, la pareja es más bien rara, mientras las aves forman parejas en un 90%, solo el 3% de los mamíferos forma parejas a largo plazo, con un solo cónyuge. La monogamia no le conviene a los mamíferos, porque el macho, genéticamente al permanecer con una sola hembra, le impide copular con varias y traspasar más genes suyos a la posteridad, por eso muchas especies, por ejemplo los gorilas forman harenes y dominan un grupo, al que pueden brindarle alimento y seguridad.
Por otro lado, cuando más hijos se tienen de una unión de parejas, más tiempo persiste la monogamia. Este patrón se repite en todo el planeta, lo cual parece llevar a una evolución genética.
Los celos hacen parte del componente social en la mayor parte de las parejas, independientemente de la cultura, y siempre han existido a través del tiempo, y se presentan también en los animales. Son reacciones emocionales poderosas, cuando el sistema amoroso del cuerpo se ve amenazado.
Para que se presente la infidelidad, se dan como causas numerosas razones psicológicas, pero es probable que existan factores biológicos también. Se nombra como cómplice biológica la monoaminooxidasa ( MAO), Un bajo nivel de Mao, una enzima cerebral, lleva a cambios de comportamiento en los humanos, beben en abundancia, consumen drogas, conducen a grandes velocidades, escuchan rock y tienen una vida sexual activa y variada. Hay un comportamiento similar en los animales. El sistema límbico que gobierna las sensaciones de lujuria, cólera, miedo y éxtasis, es rudimentario en los reptiles, pero está bien desarrollado en aves y mamíferos.
Desde el hombre de cromagnon, el ser humano logra dominar sus deseos sexuales y agresivos, porque tiene una conciencia, un sentido de la moral, conceptualización del bien y el mal. Darwin escribió, de todas las diferencias entre el hombre y los animales inferiores, el sentido moral y la conciencia, son sin lugar a dudas, lo más importante, lo cual se traduce en un breve concepto del “ debe ser”.
Se cree que el lugar donde reside la conciencia es la amígdala, una pequeña glándula conectada con el sistema límbico, con el hipocampo que controla la memoria, y con las complejas áreas del pensamiento, áreas neocorticales del cerebro. Seguramente la tendencia a la ética, está alojada en nuestro ADN, proceso que se va desarrollando con el crecimiento y la absorción de reglas morales impuestas por la cultura, y métodos de adhesión propios, que muchas personas en nuestro medio, no adoptan.
Concluyen algunos siquiatras, que el enamoramiento está asociado a ciertas anfetaminas naturales, que se acumulan en los centros emocionales del cerebro, y el apego, está relacionado con sustancias semejantes a la morfina, las endorfinas, o sea que en teoría se podrían tratar a hombres y mujeres enfermos de amor, con drogas que actúan como antídotos, sobre algunas sustancias químicas cerebrales.
Además de la testosterona y la serotonina, hay otros neuroquímicos asociados al enamoramiento, entre ellos la hormona luteinizante, (HL), un péptico sintetizado por el hipotálamo y que se acumula en la glándula pituitaria, desde donde regula la producción de estrógenos y progesterona en los ovarios y los andrógenos en los testículos. Es más conocida por su función en la estimulación de las contracciones uterinas durante el parto, y la producción de leche materna humana, pero se cree que también cumple una función en los impulsos sexuales, en la tendencia a proteger los niños, y en las sensaciones de placer y satisfacción en el contacto físico y en la excitación y plenitud sexual.
Duración de las relaciones extramaritales:
En distintos estudios, en promedio dura entre año y medio y dos años, y se iniciaba en la época de los 60, después de los siete años del matrimonio, en los hombres y después de los 11 años en las mujeres. En la década de los setenta, se presenta después de los cinco años en ambos géneros.
Patrones mundiales de adulterio.
En la década de los 40, en 139 sociedades estudiadas, el 39 % permitía que hombres y mujeres en determinadas situaciones especiales tuvieran relaciones. En 1951, un estudio de 148 sociedades, descubrió que 120 de ellas, tenían tabúes contra el adulterio, cinco lo permitían, y cuatro lo desaprobaban. Otro estudio demostró que en el 83 % de 48 sociedades, ambos cónyuges recibían castigos, en el 40 %, hombres y mujeres recibían castigo con igual severidad y en la mayoría se imponían más restricciones a las mujeres que a los hombres, y aún en las sociedades donde el adulterio es tolerado, se encuentra que tanto hombres como mujeres tienen celos.
En Latinoamérica se hacen encuestas que tratan de identificar el comportamiento de la sociedad en esta parte del mundo. Una encuesta publicada este año, dice que en Colombia el 29 % de las parejas fueron infieles alguna vez, en Ecuador el 27% y en México el 21%, que estos encuentros se dieron en un 37% de los hombres casados y en 22% de las mujeres, pero los datos son dispares porque otra encuesta publicada en 2012, dice que el 60% de las parejas aceptaban haber tenido encuentros de infidelidad.
En las encuestas, además de que no son controladas la mayor parte de las variables, no se puede garantizar que todo el mundo diga la verdad por temor a ser descubierto, o por el contrario sus respuestas sean el resultado de sus fantasías sexuales, o una forma de no estar por fuera de lo que los demás dicen o hacen.
Entre las causas que se aducen para la infidelidad en las encuestas, están la oportunidad, la curiosidad y la búsqueda de emociones nuevas y un alto porcentaje de personas no considera una relación como infidelidad, mientras no involucre los sentimientos, la mayoría dice que dura la relación varios meses y sólo un 12% , varios años. De estos, solo un 3,6 % terminan viviendo juntos.
Hay muchos libros de sexología y psicólogos dedicados a terapias de pareja, encuestas de prensa y “expertos” que exponen muchos argumentos y disculpas de los involucrados, como las causas y teorías de la infidelidad y llama la atención lo expuesto recientemente en un libro de la psicoterapista y sexóloga Tammy Nelson, que dice que las mujeres sólo buscan en el sexo, una noche de pasión, mientras los hombres buscan más afecto y comprensión, cuando hasta ahora siempre se había reconocido lo contrario en todas las culturas, que el hombre era más genital, y la mujer mas corazón.
Puede ser que estos argumentos sean más románticos y hasta convincentes que decir: Es que a mí se me bajó la monoamino oxidasa !!,...., lo qué pasó fue que se me subió la serotonina!!....o es que yo no tuve la culpa porque tengo muy altos los niveles de hormona luteinizante!!....a mi...la fenilalanina me jugó una mala pasada!...es que se me disparó la dopamina!!...o súbitamente tuve una producción anormal de testosterona!!....mejor dicho, quien quiera sus propios argumentos biológicos y neuroquímicos es mejor que lea “La anatomía del Amor”.....