Blog del mono Quintana

jueves, 20 de septiembre de 2012

12.- DE LAS FRASES  CELEBRES Y OTROS INVENTOS EN LA ERA DEL "FACEBOOK"


Por: Julián Esteban Quintana - Anestesiólogo 
Columnista invitado.

En internet circulan miles de citas, presuntamente obra de múltiples personajes de la vida pública, vivos o muertos. A uno de los que más se menciona es a Albert Einstein; son muchas y muy variadas las frases que se le atribuyen. Me atrevería a decir que la mayoría de las citas no son su creación y jamás pasaron por su mente. Pero hay una frase que sí es seguro que dijo, y es ampliamente conocida, aunque también tremendamente malinterpretada: “Dios no jugaba a los dados”. A pesar de las muchas explicaciones místicas que se le han dado a esta frase, para Einstein su Dios eran las leyes de la física, y cuando decía que no jugaba a los dados, quería decir que él no creía en las probabilidades; aún arrastra las secuelas del mecanicismo newtoniano, el modelo clásico de la física, donde una acción siempre tiene una consecuencia predecible, y donde si uno hace un experimento en las mismas condiciones el resultado siempre debe ser el mismo.

Si hoy en día uno le pregunta a cualquier físico, nos diría que el genio se equivocó. Resulta que en la física moderna, todo es estadística. Los modelos actuales no son determinísticos (como el Newtoniano) sino probabilísticos o estocásticos (como en la mecánica cuántica); esto quiere decir que un evento desencadana con mayor o menor probabilidad otro evento, y que si uno repite un experimento cien veces, sólo un porcentaje de las veces obtendrá el resultado que quiere. Es algo difícil de entender para nuestras mentes, entrenadas para vivir en un mundo determinístico y no estocástico (si una serpiente muerde a mi hijo, mi hijo se muere, luego las serpientes son peligrosas porque matan gente).

Lo curioso es que todas las ciencias son ahora estocásticas y no determinísticas, es decir, se basan en probabilidades. La medicina moderna no se queda atrás, y para desdicha de muchos, es la más estocástica de todas las ciencias. Si un paciente tiene una patología severa, existe una probabilidad "x" de que fallezca; sin embargo, si se le aplica una intervención determinada, sea un medicamento o un procedimiento, la posibilidad de que la enfermedad progrese y el paciente tenga un final no feliz, disminuye a un valor "y", que varía según la eficacia de la intervención. Con la concepción que aplicamos de la medicina actual, todas las intervenciones que utilizamos vienen de estudios donde se comparan contra otra intervención, y se evalúa cual de las dos disminuye en mayor medida las muertes por la enfermedad que se estudia, y así nos vamos quedando con las intervenciones que de verdad son más útiles. Ha de notarse que prácticamente ninguna intervención logra llevar la mortalidad de las enfermedades graves a cero en estos estudios. A lo que voy es, a que los médicos tenemos una obligación de proveer los medios, pero no podemos garantizar resultados; si utilizamos intervenciones que en los estudios disminuyeron la posibilidad de morir por una enfermedad, pero no la eliminaron, no podemos esperar que en la vida diaria, en el mundo real, fuera de las condiciones completamente controladas de los ensayos clínicos, logren hacer algo diferente. Sin embargo, es claro que los pacientes no interpretan la medicina de esta manera, menos aún los abogados y jueces, e incluso, nosotros mismos como médicos, a veces olvidamos la naturaleza probabilística de lo que hacemos.

Los pacientes con mucha frecuencia, hablan del médico que sí logró quitarles su dolencia, o despotrican de los otros que no han logrado “darle con su enfermedad”; si un paciente se muere, estuvo mal tratado, independientemente de que su patología de base tuviera una mortalidad altísima aún en las mejores manos.

La responsabilidad penal y civil del médico es completamente determinística, es decir, hizo o no hizo bien, según los resultados sobre el paciente, cuando el médico, al escoger su tratamiento, en realidad sólo apostó al caballo que mejores probabilidades tenía, pero sin tener forma de saber cuál iba a ser el resultado final. Y los médicos juzgamos los actos de nuestros propios colegas, con el mismo rasero, llegándolos incluso a tildar de "mala práctica médica",  como si en nuestras manos el paciente no hubiera tenido casi exactamente, la misma probabilidad de complicarse que en las del otro médico.

Catastrófico. El ser humano, con su ego infinito, aún cree que el universo se mueve según sus actos.